Molde

De profecías e intimidades: una entrevista con Pablo Und Destruktion

Hace un par de semanas, después de haber lanzado una reseña sobre su último disco, tuve la oportunidad de entrevistar a uno de mis artistas favoritos: Pablo Garcia, un cantautor asturiano que habla de la vida, de sus miedos y contradicciones. Con una amplia trayectoria y cinco álbumes lanzados bajo se proyecto Pablo Und Destruktion  hoy puedo compartirles qué le ha quedado de todo este proceso exploratorio de sí mismo.

Los invito a leer así, una de las entrevistas que más me ha gustado hacer y a la que le guardo un especial aprecio. Ahora solo queda que esperar verlo en vivo prontamente en nuestro país. 

 

***

 

¿Cómo empezó Pablo und Destruktion?¿Qué hubo antes para llegar a ese nombre?

Bueno pues, yo había estado tocando con distintos grupos de industrial, punk, algunas cosillas más folclóricas en un rol más secundario, hasta que empecé a hacer canciones con unos 22 años, más o menos. Las tenía acumuladas, las llevaba con más discreción, pero, en un momento me planteé irme de España para Alemania a vivir. Allí duré muy poco tiempo, solo 15 días, no me gustó lo que encontré del todo. Así que en ese momento, me puse ese seudónimo y empecé a tocar, encarando las canciones como una pequeña forma de destruir distintas cosas, sobre todo mis propios fantasmas que, casualmente, a veces son fantasmas colectivos.

¿Con qué música creciste y que quedó para ahora? bien sea como una influencia tangente o completamente transversal

Tengo algunas canciones que son influencia directa, de hecho las toco. Recuerdo la primera canción que escuché en la vida, porque me la cantaba mi madre. Era una nana que se llama A la mar fui por naranjas. Es una canción tradicional acá en España y se conoce también en hispanoamérica, en Chile la cantan, no sé si en Colombia también. Me marcaron mucho esas primeras canciones, las que cantaba también mi abuelo materno, tonadas asturianas y canciones de mineros, como En el pozo de Maria Luisa, que la he cantado muy pocas veces porque le tengo mucho respeto, no la grabamos en estudio pero en youtube está registrada, eso por una parte.

Por otra parte, el rock’n’roll que escuchaba mi padre, Los Animals, Los Beatles, La Velvet Underground que escuché en mi primera infancia. Después, me fui inclinado más al punk: los grupos de anarco punk que habían a mediados de los 90; junto con grupos que recogían este folk que me gustaba desde la infancia, porque lo tenía asociado a relaciones familiares muy estrechas y tenían un sentido muy fuerte. También hubo una corriente en Asturias afín al Xixón sound que estaba centrada en la relectura del folk, con grupos como Llan de Cubel y Felpeyu, eso también me gustó mucho en mi primera juventud, por así decirle. Luego me metí en cosas más dark folk, música industrial, los Neubauten, ese tipo de música, así que bueno, todo es bastante variado

¿Cuál es tu relación con el punk en este momento?

A mi me gusta mucho la filosofía primitiva del punk. Creo que el código ético del punk es necesario, el de llevar la contraria a todo tipo de colectivismo y tener mucho cuidado en considerarse uno mismo bueno y creer que solo se rodea de los buenos; eso es con lo que me quedo del punk.

Estéticamente ya no lo escucho, incluso pese a estar en un sello como HUMO en el cual está La URSS, Cuchillo de Fuego, Futuro Terror; aunque son grupos que me gustan —sobre todo para el directo— no los escucho tanto, ni me marcan de una forma importante. Ahora estoy con música mucho más antigua, como Joaquin Díaz, por ejemplo, que es un cantautor español que se dedicó a recopilar canciones del siglo XII en adelante, y me gusta mucho meterme por ese tipo de sensibilidades pero con una actitud de juglar libre, no de juglar que obedece a la nobleza, y creo que esa, la libertad del juglar, esa actitud es la misma que la del punk.

¿Cuál ha sido la exploración con la canción asturiana?¿consideras que tu música es tradicional?

A ver, yo he reflexionado mucho sobre el tema. A mi me gusta la canción asturiana, pero no la canción asturianista, es diferente. Yo trato de reflejarme en las canciones, de poner mis experiencias personales, que creo que no se pueden transmitir de otra forma que no sea cantando. En ese sentido, tengo muy presente la tradición de la música asturiana, pero no quiero hacer un ejercicio de nigromancia ni de marketing de rescatar música del siglo XIX, poner unas bases electrónicas y saltar y bailar, porque no me interesa.

De la música tradicional asturiana sobre todo me gusta la capacidad para hablar del amor, de la muerte, de los nacimientos, de la vejez, de las partes más humanas de la existencia. Eso lo tiene en común con otras música tradicionales y populares, desde luego con muchas de la trova de toda hispanoamérica y con otras regiones de España, entonces hago un acercamiento sentimental pero trato que no sea identitario.

¿Cuál es la transformación de Pablo, el sujeto, en este proceso que siempre se escucha y se comparte tan íntimamente?¿re escuchas tus discos después?¿qué sucede con tus confesiones pasadas?

Mucha. Como te decía antes, este proyecto ha sido para enfrentarme a mis fantasmas y a mis miedos, yo he utilizado la composición de canciones para eso. Para mi ha sido un camino de aprendizaje, de cierta manera, de fortaleza y de pequeños exorcismos, me ha acompañado a mi tránsito a la edad adulta. No sería la persona que soy si no hubiera hecho esas canciones y, por ejemplo, ahora en esta situación que vivimos de crisis mundial, me han ayudado muchísimo esas reflexiones que tuve en esa intimidad a lo largo de los años acerca del bien, del mal, de las tradiciones, del poder, de las avaricias, las envidia y de las mentiras, sobre todo, que es algo que trabajo mucho en mis canciones, de las ajenas, las traiciones y el autoengaño también, entonces creo que me han hecho un poco más fuerte.

Y no, no los re-escucho mucho, sobretodo porque toco con mucha frecuencia y voy transformando las canciones en los directos y las canciones toman el espíritu del último disco, las reinterpreto con esa intención, trato de mantenerlas vivas de esa manera, las tengo muy presentes.

¿Qué hay detrás en los procesos de producción?¿Cómo decides que desechas, qué dejas?

Doy muchas vueltas, por esa razón grabé el último disco yo solo, porque no funciono bien en los estudios de grabación, tuve varios problemas por eso. El primer disco que tengo, Animal con Parachoques, y el último, son completamente autoproducidos. En los otros he tenido cierto grado de cesión, y cuanto mayor era el grado, menos cómodo me sentía.

Entonces bueno, en la composición de la letra y en la línea principal melódica suelo tardarme y, después, a la hora de escoger los arreglos, pongo y quito capas hasta que quedan equilibradas y noto que ya se han completado. Es muy intuitivo y me suele llevar buen tiempo. Eso sí, descarto mucho, cada vez descarto más. Al tener ya tantas canciones compuestas —tengo cinco discos de estudio— creo que ya tengo muchas cosas dichas, y para atreverme a decir algo más, lo pienso.

¿Cómo ha sido el trabajo de los discos formato banda?¿cómo comunicas las ideas de tu intimidad y tus miedos a tus compañeros?

He tenido en mayor o menor medida músicos colaborando en los 4 últimos discos, son procesos muy amistosos. Ahí es cuando trato de convertir lo personal en colectivo. La banda es mi primera audiencia, los primeros en escuchar las canciones, que además son siempre íntimos amigos, y algunas personas allegadas. Es muy bonito compartir esas ideas, yo mantengo bastante el control de lo que hace, dejando, lógicamente, algo de margen para que ellos puedan desarrollar su creatividad.

También los discos son para mi parte de experiencias muy vitales, con los miembros de la banda no solo grabo: quedamos para comer, vamos al monte, nos metemos en cuevas, vamos al mar y somos muy amigos.

Futuros Valores, tu último disco, parece el cierre de una etapa ¿qué estás cerrando con él?¿Cuáles son tus impresiones del trabajo?

Totalmente es un cierre. Durante los discos previos exploré los miedos, y en este último ya se habla desde una posición más valerosa, por lo tanto, esperanzadora. Además, está relacionado con el libro que escribí justo antes del disco, llamado La Bestia Colmena, del 2018. Todo lo que no cabía en mis canciones, lo pasé a una novela de ciencia ficción en clave de humor, en la que hablo del desarrollo de la mente colmena del internet, que hace unos años tomamos como algo muy positivo, muy utópico; pero esta mente hace parte de un ser mayor, que tiene hígado, huesos, piel y cuerpo; la bestia que nos encierra dentro y nos aleja de la realidad objetiva, para meternos en celdas espirituales que nos llenan de verdades subjetivas. Hace referencia un poco a la fase de paranoia general en la que vivimos.

La nota de prensa del disco habla de cómo sería el mundo después del apocalipsis, basándose en el libro, y el mundo que se reconstruye después de esto. Teniendo en cuenta que se lanzó en enero de este año, pues… La propia novela se plantea como una novela profecía y aquí estamos *risas*. Incluso, en el libro decía que nos refugiaríamos en los picos de Europa y ahora mismo los observo desde la casa del pueblo en la que me he instalado en la pandemia. Yo mismo me genero profecías autocumplidas para orientar mis actos.

En ese sentido, creo que he cerrado una etapa, y a nivel colectivo también. Lo estamos viviendo todos en una crisis sanitaria, que es también económica, ideológica y espiritual, diría yo. Con el disco trato de enfocarme en qué va a quedar después de la quema que presenciamos. Por mucho miedo que haya, solo sobrevive a largo plazo lo bueno, lo fuerte y lo generoso.

¿Cuales son los Futuros Valores para ti?

yo creo que el valiente tendrá que descifrarlo, es muy personal, pues no tengo voluntad de evangelizar ni de proponer qué decir, hacer o pensar, y mi forma de apuntar a esos valores está codificada en el trabajo y no tengo nada mas por decir de ellos, en la escucha está todo mi discurso.

¿Cuál fue la canción más difícil del disco? bien sea por lo técnico o lo personal.

Es una canción que creo que se recibe de forma discreta: Que viva la gente. Me costó mucho. Habla un poco de esta relación con la gente que quieres cuando dicen cosas que tu consideras que pueden ser erróneas, cuando se entra en estado de exaltación de las bajas pasiones; el cómo uno tiene momentos en los que siente que no se puede fiar de las personas queridas, pero las sigue queriendo igual. Se me dificultó hacer una crítica social de ese tipo, porque es social pero no es partidista, no es fácil tratar de hacerla, además, desde el amor y el cariño que uno siente por esas personas, y también desde la humildad por si uno se está equivocando y es el malo. Acaba diciendo “yo solo tengo un deseo, que no seamos malos, los que nos creemos buenos” y esa frase me costó muchísimo afinarla para no hacer algo de lo que luego me arrepintiera.

¿Quién es Pablo cuando no canta?¿Qué tal esas otras facetas?

El libro fue lo último que hice antes de convertirme en profesor —además de cantautor—. Por eso, la canción del último disco que se llama Ser Profesor. Escribí la novela antes de la gira de Predación, haciendo referencia a todos estos movimientos identitarios que iban surgiendo en todo el mundo y que me parece que son una forma de crear discordia. En lo personal, sentía como la censura iba creciendo, la desconfianza de los unos contra los otros, y fue una especie de terapia para decir lo que no podía en ningún sitio, especialmente en redes sociales o foros públicos de cualquier tipo. Una vez acabé el libro, vi reacciones negativas también hacia amigos que realizaban obras teatrales que fueron boicoteadas, conciertos también boicoteados por distintos tipos de fanáticos.

Así decidí hacerme profesor para seguir comiendo, porque sí que es verdad que se complicaba un poco. Ese tipo de ideas ya no solo estaban en organismos públicos, en los privados e incluso en los autogestionados yo notaba ciertos puritanismo y tendencia a la censura que hacía que mi trabajo no fuera tan aceptado como antes.

Me puse a estudiar para ser profesor de imagen y sonido en formación profesional y ahora compagino mi labor con la docencia. Me gusta mucho estar rodeado de adolescentes, me vino muy bien además. Hace dos años obtuve el título, el curso anterior empecé y luego vino el confinamiento y si no estuviera haciendo esto, no tendría ningún tipo de recurso económico, porque no se puede tocar con tanta frecuencia como la que yo necesito para poder estar profesionalizado. En lo personal, me gusta enseñar habilidades técnicas a gente muy joven y desprejuiciada, temperamental, me gusta ese contacto.

 

¿Cuál es tu relación con el público?

A mi lo que más me gusta es el directo, si pudiera no grabaría discos. Me gusta la parte escénica, están las otras personas con su cuerpo y sudan, huelen, notas cómo se mueven y reaccionan; y ellos ven cada movimiento ínfimo de tus pestañas y es parte de un todo de los conciertos. Es lo que más disfruto, “concertar”, un punto de acuerdo, de síntesis entre público y el artista.

Es una relación complicada también y hablo de ello en la canción Gracias: “querido público, a ti te doy las gracias, lo tengo todo y te lo he quitado aquí, pero a la vez tú me quitas a mi”, es una simbiosis, en la que es difícil mantener un equilibrio. Nunca hay que ser condescendiente, bajo ningún término, con el público; pero tampoco agresivo para que haya un debate y que salga algo valioso para ellos, y principalmente para mi. Son individuos que van, cada uno, por una razón particular y que les interesa lo que hago.

¿Algún recuerdo de un concierto que te cause especial sentimiento?

Tengo varios. Hay uno que está grabado, el del Teatro Lara de Madrid, ese concierto fue super especial y después de ese, que fue con Vigorexia Emocional, probablemente el disco que más me dio alcance mediático en España, salimos del underground y empezamos a tocar en festivales y más eventos. Yo empecé a sentir que perdía conexión con el público, entonces decidí hacer conciertos fuera del contexto regular. Dimos conciertos en cuevas, quedábamos en una ubicación x con el público y uno de la banda que es espeleólogo hacía un recorrido durante 40 minutos y cuando llevaban un cacho caminando se topaban con el resto de la banda y empezábamos a tocar, fueron muy bonitos.

Incluso ahora mismo cuando cuando nos dejan salir de casa, hago conciertos en casas de otras personas de manera informal, con prudencia lógicamente, pero tratando de mantener la actividad y haciéndolo de forma hermosa. Es lindo que la gente te abra su hogar con hospitalidad y cariño; además conoces a la gente del pueblo. Se parece mucho a como se paseaban los juglares que te comentaba antes.

¿Qué viene para este proyecto después de decir, hacer y vivir tantas cosas?

Ahora estoy teniendo otra relación con lo musical. Me vine a vivir al pueblo, viene la banda con regularidad, estoy tocando mucho y ya veremos cuándo me pongo a escribir. Estoy esperando a que estas sensaciones tan raras de esta pandemia y esas sobre las que ya he reflexionado se transformen en textos; pero eso no lo decido yo, llegará la canción o no. Entonces, si tengo algo más que decir lo diré, pero si no, pues creo que ya he dicho bastante. Igual sigo tocando las canciones compuestas, improvisando, transformándolas, pero no conviene forzar la inspiración, que sea lo que la santina covadonga quiera.

Si pudieras hacer un festival ¿qué músicos pondrías? estén vigentes o no, estén vivos o muertos, y ¿dónde lo harías?

Uy, que pregunta tan importante: Joaquin Díaz, de seguro; Juanin de Mieres, también. Es un cantautor de tonada asturiana; y Birthday Party como colofón tras un par de cantaores folki. Que toquen como a media noche, perfecto quedaría. Lo haría aquí en el pueblo, por supuesto.

¿Cuál es la relación con el pueblo?¿por qué es tan especial?

Bueno, es que estoy encantado. Yo ya había vivido en pueblos de Asturias, pero para ejercer de profesor me fui a Madrid y volví antes de que nos confinaron porque lo veía venir y como suele sucederme siempre en los pueblos, he dado con muy buena gente. Mi vecina Maricarmen, por ejemplo, cada dia a mi moza y a mi nos regala arroz con leche o pimientos del padrón o huevos de aldea. En estas circunstancias de la pandemia la gente tiene miedo a acercarse, lógicamente no nos escupimos en la cara, mantenemos prudencia, pero es gente muy amable.

En mi propio pueblo hay una cueva donde hay resto de neandertales de los más antiguos y están ahí solo existiendo en el pueblo.

Aquí ya han habido ensayos y los paisanos se sientan en la escalera a escuchar atentamente. Se me ocurrió hacer la gira por casas. Lo que haré en otoño es tocar aquí en mi casa y que venga el que quiera, y si pueden venir Joaquin Diaz, Juanin de Mieres y Birthday Party, pues mucho mejor.

Por último, recomiendame un libro

Vale, el último que he leído es Scaramouche de Rafael Sabatini, que cuenta la historia de un aventurero en la revolución francesa. Me lo regaló mi novia porque de pequeño me disfracé de monaguillo payasete pistolero. Me dieron un disfraz de monaguillo y me puse nariz de payaso y pistolas vaqueras, dijo que ese personaje era afín.

Hay unos que no te puedo recomendar porque son mis libros secretos *risas*, casi todos los que me gustan, no quiero que me pase como a Bruce Lee. Así que, Scaramouche o las obras teatrales de Rodrigo García, es un dramaturgo magnífico argentino. Es vecino, acabamos de estar juntos. Tiene un recopilatorio de obras donde está Esparcid mis cenizas en Eurodisney, esa me gustó especialmente.

Daniela Chavarro Trujillo

Agrega un comentario

Síguenos