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Inlet, el esperado regreso de Hum después de 22 años

Durante su primera etapa, Hum representó, a grandes rasgos, el prototipo de la «banda estadounidense noventera». Combinaban la vitalidad y distorsión pesada del post-hardcore de Quicksand y Helmet; los oníricos guiños al shoegaze estilo Smashing Pumpkins; la melancolía apasionada de Sunny Day Real Estate; las dinámicas de Fugazi, y un gusto palpable -diríamos «cobainesco»- por la melodía como lo demuestran temas como «If You Are to Bloom» o «Stars».

Después de reencuentros fugaces y conciertos esporádicos, de una reunión definitiva en 2015, y de haber pasado los últimos años divididos entre el estudio y algunas giras musicales, Hum regresa con Inlet, su primer trabajo discográfico en dos décadas. Este ha sido suficiente tiempo para que la agrupación tuviera ciertas transformaciones: la primera, sufrida por la encarnación clásica de la banda, que, comercialmente hablando, se quedó en promesa pese a la alta rotación de «Stars», extraída de You’d Prefer an Astronaut de 1995 (su primer disco en RCA), en emisoras alternativas norteamericanas, y la expectativa generada en 1998 por Downward Is Heavenward, su segundo trabajo en una gran disquera. El bajo desempeño en ventas de este álbum provocó que RCA cancelara el contrato discográfico de la banda y, dos años después, Hum anunciara su separación.

La segunda, más allá de la decepción comercial, se dio a nivel crítico y de influencia musical. De ser una promesa frustrada, Hum se convirtió, a lo largo de dos décadas posteriores a su ruptura en el 2000, en uno de varios actos noventeros con una seguidilla cibernética de modesto número pero ferviente devoción. La crítica los reconocía como uno de los actos más infravalorados de la ola alternativa noventera. Inclusive hay que resaltar, de nuevo, la envergadura de «Stars», un tema que, indudablemente, merece un puesto como una de las mejores creaciones de su género y de su respectiva década, y que resultó apareciendo inadvertidamente en un comercial de Cadillac en 2007, atrayendo cierta atención mediática y un interés renovado por el catálogo de la banda.

A esto se le tienen que sumar las declaraciones de fanáticos afamados como el caso de Deftones, cuyo vocalista, Chino Moreno, ha afirmado sin tapujos su devoción por Hum; algo evidente en el sonido agresivo y, a la vez, atmosférico sublimado en el legendario White Pony y continuado en posteriores trabajos. De manera sutil, la influencia de la banda de Champaign-Urbana se esparció al sonido del metal alternativo, del «post-metal», del «nugaze» y a partes del post-hardcore y sludge dosmileros. Sin ir tan lejos, es evidente que bandas nacionales como Bañista Lunar son seguidores de los preceptos impuestos por Matt Talbott y compañía en sus discos con RCA. Hasta se podría decir que lo hecho por Hum predijo inconscientemente aquellos híbridos entre las sensaciones abstractas del shoegaze y ciertos espectros del metal, como lo demostrado por estilos como el blackgaze y el drone metal.

Es lógico, entonces, que una tercera mutación se evidencie en el nuevo trabajo discográfico; transformación relacionada con la evolución estilística que el grupo desarrolló a lo largo de cinco años de reunión. No exageremos: la esencia del Hum de antaño (las guitarras sumamente procesadas, las atmósferas efectistas, las letras crípticas con alusiones espaciales o científicas, el rango dinámico cambiante, y el ánimo eminentemente nostálgico) se mantiene. Pero cuando suenan las primeras notas de «Waves», canción de apertura de Inlet, se hace evidente que la agrupación decidió profundizar en la parte más pesada de su sonido. Esta canción, junto a «In the Den» y «Step Into You» (único tema inferior a los cinco minutos en el álbum), representan los guiños más cercanos al lado más melódico y energético de Hum durante su primera etapa, recordando simultáneamente al sonido de sus contemporáneos Failure o Shiner.

Gran parte de Inlet está dedicado a extensas piezas que, ante todo, solidifican el nexo que Hum reviste sónicamente como ancestro de proyectos como Isis o Cult of Luna o, inclusive, del «dronegaze» de Jesu o The Angelic Process. Esto se refleja en el énfasis que se les da a las guitarras ultradistorsionadas, a los riffs constantemente repetitivos (como lo demuestran «The Summoning», cuyo título y melodía recuerdan a la Chelsea Wolfe de Hiss Spun, o «Desert Rambler», una épica de 9 minutos de graduales cambios dinámicos) y a los tempos relativamente lentos (como en el tema de cierre «Shapeshifter»). Además, hay excursiones hacia un sonido más drone, casi experimental (evidente en «Folding» o en la ya mencionada «Desert Rambler») en busca de estructuras poco exploradas en lanzamientos anteriores.

Es probable que la libertad ofrecida por el entorno de las presentaciones en los últimos cinco años le permitió a Hum moldear, con soltura, esta evolución sónica. Esto, sumado a las licencias artísticas propias de un lanzamiento independiente, hace que Inlet constituya el anhelado regreso que atraerá tanto a seguidores como a nuevos devotos de la banda. A su vez, también representa para Talbott y sus compinches una suerte de transformación artística vital.

Pueden escuchar Inlet a continuación:

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