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Jane’s Addiction: Ritual de lo Habitual y el triunfo de lo raro

La década de los ochenta siempre ha representado para la conciencia colectiva el neón, el spandex, sintetizadores, spray y cortes de cabello bastante singulares. ¿Recuerdan el mullet? Está de vuelta. Esta época también representa un periodo en el cual la Guerra Fría comienza a ver su ocaso, mientras que el neoliberalismo toma fuerza y con esto las desigualdades a lo largo del planeta. En Los Ángeles, California, estas desigualdades serían bastante evidentes a causa de las crecientes tensiones raciales en sectores como South Central, uno de los lugares en los cuales la epidemia del crack repercutió fuertemente.

Dentro de esta jungla de concreto, la escena musical que robó todas las miradas fue aquella del Sunset Strip y el glam metal; pero mientras estos artistas ganaban popularidad —debido a su vida de excesos—, otra escena iba gestándose y en ella estaría la banda central de este artículo: Jane’s Addiction.

A treinta años del lanzamiento de Ritual de lo Habitual, es posible decir que esta publicación representó uno de los momentos donde los raros finalmente tuvieron un pedazo del pastel. Para 1990, esta banda no era solo la punta de lanza del college rock —término que sería suplantado por el de rock alternativo, de manera casi que total—, sino que también representaba un estilo de vida llevado al extremo.

Post-punk, rock gótico, funk y psicodelia, combinados con la poesía beat y el mundo bohemio y cosmopolita de Los Ángeles, permitieron que Jane’s Addiction tuviera singularidad entre sus pares; esto, de la mano de influencias del rock clásico y heavy metal traídas por Perkins y el guitarrista Navarro. Una alternativa al mundo alternativo que le permitió el espacio a solos de guitarra no encontrados frecuentemente en estos círculos.

Una de las particularidades de Ritual de lo Habitual es su división: el lado A está conformado por canciones de duración estándar y fuerza, pero sin alguna conexión conceptual. Desde la propulsiva ‘Stop!’, que comienza con el famoso anuncio: “Señores y señoras: nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tú tiene, pero los queremos. Creado y regado de Los Ángeles, ¡Juana’s adicción!”, pasando por la tensión familiar y racial de ‘No One’s Leaving’, el hedonismo de ‘Ain’t No Right’, el resentimiento encontrado en ‘Obvious’ y la popular ‘Been Caught Stealing’ son evidencia de las múltiples influencias previamente mencionadas.

El lado B del disco está compuesto por largas canciones influenciadas por el rock progresivo, contando con un hilo conductor conceptual: la adicción, el hedonismo y la muerte; en especial ‘Three Days’ —la canción más larga del disco y de su discografía—, inspirada por la muerte, la resurrección y una juerga de tres días entre Perry Farrell y sus dos novias en ese entonces. Además del contenido lírico, la música permite destacar a cada miembro de la banda, desde las imponentes líneas de bajo de Eric Avery, la intensidad de la batería y percusión de Stephen Perkins y no uno sino dos solos de guitarra por parte de Dave Navarro.

Then She Did…’, trata sobre la muerte de la madre de Farrell y de Xiola Blue, una de sus novias. Esta es, quizá, la canción más sombría del álbum. Luego, en ‘Of Course’ —tema con tintes esotéricos e influencias tanto de The Velvet Underground y Led Zeppelin—, se explora la relación de Farrell con su hermano mayor. Para culminar este disco, nos encontramos con ‘Classic Girl’ —influenciada por Bauhaus—, canción que habla acerca de otro amorío de Farrell en ese entonces.

Algunos dirían que el mayor legado de Jane’s Addiction es su impacto e influencia en el mundo de la música, siendo una de las bandas insignias del rock alternativo de finales de los ochentas y principio de los noventas, y una de las creadoras del metal alternativo; otros dirían que la creación del festival Lollapalooza y la consolidación de una Nación Alternativa diversa —antes de la llegada de Nirvana—, sería su mayor logro. Ambas afirmaciones están en lo correcto, pero también es necesario destacar que antes de la homogeneización de la música alternativa en el mundo post-Nevermind, el mainstream pudo vivir en carne propia la locura, el hedonismo, la angustia y el peligro que las canciones de Ritual de lo Habitual retratan.

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