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Lolabúm – Verte antes de fin de año

En contra del consenso optimista sobre el ciclo actual de la producción y consumo que se encarga de registrar el campo del periodismo cultural, me atreveré a afirmar que han sido años terribles: el periodismo cultural (y lo poco que queda de la crítica escrita, si es que en este momento queda algo) ha sido lobotomizado en pequeños ‘bites’ de publicidad que cumplen un rol funcional como micro-campañas de marketing para productos que han sido diseñados para ser desechados inmediatamente en la era reinante del streaming (un glaseado deslumbrante sin pastel). Por otro lado, el ‘underground’ latinoamericano o se encuentra atravesando un guayabo prolongado gracias a un sistema precario de soporte vital que se pavonea victoriosamente sobre el árido terreno que dejó el corto revival occidental amalgamado del tweedreampopjangleshoegaze durante la década pasada, -y que desafortunadamente desiste de desaparecer del mapa-, o se encuentra ejecutando apropiaciones forzadas, miópicas y cuestionables de música que se considera autóctona en nuestra región. Y a pesar del deprimente escenario al que nos afrontamos constantemente los entusiastas del medio cultural en la actualidad, han llegado las luces distantes de la aplanadora que conforma el cuarteto ecuatoriano Lolabúm en su disco más reciente ‘Verte antes de fin de año’ (2020).

Pudo haber sido distinto si el mencionado cuarteto hubiese decidido apostar de manera resignada y facilista por las sensibilidades jangle-pseudo-MPB que adornaban su previo trabajo ‘Tristes Trópicos’ (2018), un trabajo que a pesar de presentar afiliaciones estéticas al dócil revival tweepopgaze, mostraba también el retrato de un grupo que no se tomaba del todo en serio el cliché melancólico de la ‘escena que se glorifica a sí misma’ en la versión de fotocopia de bajo contraste que en este punto nos ha tocado consumir de desayuno, almuerzo, cena y merienda. Menos mal la historia ha sido distinta, y la plasticidad que ha brindado una búsqueda de quiebre que es para estos oídos completamente honesta más que camaleónica, apunta a una posible ruta de escape de la mediocridad de nuestro entorno, el cuál se aferra obstinadamente a nostalgias que tienen por misión implícita cancelar cualquier sitio de construcción de futuros posibles. Con esto en mente, ¿habría necesidad de hacer una lista del cruce interminable de géneros, estilos y técnicas de producción que abundan en el presente trabajo de Lolabúm? Por supuesto que no. Podríamos más bien resaltar la frustración y ferocidad que se encuentran condensados en un trabajo que apunta a ser el producto indirecto de la ‘insurrección’ latinoamericana del 2019, y el encierro destructor de la cuarentena que ha sido nuestra experiencia colectiva durante todo el 2020.

Del industrialismo inesperado aunque pegajoso de ‘Dios mío ya no veo noticias’ que incluye imágenes encenizadas de impotencia y frustración sobre las secuelas de la ‘revuelta’ latinoamericana en las letras: “Suena aguanta y ya no aguanto/Cuellos rotos entre pelucas/Cuento cuerpos, me faltan dedos/Los dolores que nos importan/Tantos cuerpos sin dejar rastro”, pasamos al ultra-funk tipo Amigos Invisibles adulterado por una lijadora sónica en ‘171/Después de qué’, y después a la tonada spinettiana goth del lamento funéreo ‘QYY’ con su espeluznante: «Flotar bocarriba sin mirar al sol/Seguir así/Quedándome o yéndome/A la vez, tal vez», y la grandiosa ’20 en el 2016’ con su aire folclórico aunque glitcheado bajo el filtro de aniquilación electrónica, y texturas granuladas que parecen sacadas de un cassette roído hasta el cansancio, atascado en las cabecillas de un auto viejo a punto de derretirse por el sol inclemente de verano. Pero lo que me hace resaltar este corte es la letra estelar que invoca un sentimiento agridulce que es en partes iguales un himno como también una declaración de derrota generacional: «Me tiemblan las venas/CAREVERGA/Tocamos como salvajes/Nunca nos pagaban, no/Tantas veces/2020 estás difícil y lo intenté/Falta plata, muerte a la miseria/Para ser ecuatoriano SÓLO HACE FALTA HAMBRE», seguida de un ‘VERGA…EL CABLE’ espontaneo y sin edición que aumenta la tensión y frena la posibilidad de un clímax o explosión dentro de la canción, y que también podría ser el reflejo de la falta de resolución a la turbia situación política, social y económica que vivimos actualmente en nuestras antípodas.

El único punto de freno a todo el clamor impresionante que han generado los Búms en su propuesta actual es la balada edulcorada alt-R&B ‘Cuando quieres jugar conmigo’ a dúo con Neoma, que aunque es interesante en términos de producción y estructura (por ej. se utilizan los sonidos reciclados de lo que parece ser un juguete a pila descomponiéndose como una capa más en el tejido de la canción), se siente al final de su transcurso como un momento de restricción que el cuarteto se ha puesto a sí mismo para frenar el impulso de arrojarse al abismo y así echar a perder del todo el creciente grupúsculo de admiradores que tanto esfuerzo les ha costado: les entiendo, los fans claman el momento pop pero, ¿qué hay en el abismo esperando a los Búms? Ojalá se sepa pronto. Y sobre el tema de abismos, me parece apropiado que el cierre a este trabajo sea un quejido ahogado por el brillo de un sample escarchado de electro ochentero y guitarras lavadas-pastel que engañosamente lubrican las observaciones aparentemente rosé de la difusa vida social que uno ingenuamente atraviesa durante la juventud: ‘Tranquilidad y hedonismo/Dejar en visto a amigos/No te das cuenta/A veces me veo bonito, bailando-mal-y-a-destiempo/Nuestro reggeaton lento/No tan mal al final/Mi carnaval es nuestro/», que eventualmente desciende en una atonalidad encolerizada que revela la intención debajo del glaseado del panecillo envenenado, el quejido que se ha vuelto un lamento agrío por todo lo que hemos perdido y todo lo que nos han arrebatado en estos últimos 15 años: «Un nuevo tipo de aire/Un nuevo tipo de tierra/Un nuevo tipo de vida…si no contestan llamamos, si no contestan llamamos, si no contestan llamamos, ¿llamamos?», subrayando el final con el helado retumbar de un teléfono que muy posiblemente nadie-nunca-jamás va a contestar.

Pueden hacer stream del album abajo, aunque recomiendo comprarlo aquí:

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