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Deceptacon II: hagamos de la escena musical un espacio más poderoso

El pasado sábado 3 de Agosto tuvimos la oportunidad de presenciar la segunda edición del festival de sonidos independientes Deceptacon, un escenario que busca primordialmente destacar la labor de bandas con participación femenina dentro de esta incipiente industria. 

Con relación a la primera edición, este cartel contó con menor cantidad de bandas, pero logró un balance entre agrupaciones de trayectoria y experiencia, junto a propuestas nuevas que buscan posicionarse dentro de la escena y darse a conocer a nivel nacional. Compuesto por las bandas bogotanas Electric Mistakes y Sobrevolar; la agrupación bumanguesa y sorpresa de la noche, 100 años de monstruos; y desde Medellín, la enorme Danta. Para cerrar el festival, tuvimos a una de las artistas que más le ha aportado a la música bogotana actual, Ivanna Palacio —Cruel Cruel, Encarta 98 y Siempre Perdida— con un DJ set que descrestó a los y las asistentes de la noche.

 

Sonidos frescos

Fue Sobrevolar la encargada de calentar El Chamán para la noche que empezaba. Alrededor de las 9:30 arrancaron con un set luminoso, el ruido de la escena alternativa sí que necesita más propuestas electrónicas, apacibles y que sobresalgan por la finura de sus melodías. Durante 40 minutos, aproximadamente, el indie pop y el dreampop se intercalaron para mostrar una atmósfera parsimoniosa y brillante; los matices de los pedales en las guitarras y la mezcla de las consolas andaban en perfecta sincronía y se mezclaban simbióticamente con las voces de quienes estaban al frente de los micrófonos; por cierto, que belleza la voz de María Mercedes. 

Sobrevolar trabaja con el sello discográfico de música independiente, La 420, quizá eso explica por qué suenan como suenan. Pese a que su primer trabajo lleva menos de un año en plataformas, la banda es un claro ejemplo de cómo las propuestas jóvenes pueden sonar bonito, elegante y maduro; un acierto completo empezar el festival así y de paso tenerles haciendo música y diversificando la pequeña industria independiente.

La ansiedad se apoderaba del lugar. “Monstruos, les toca”. Mientras arreglaban instrumentos, se sentían los nervios de la gente, tanto les integrantes de 100 Años de Monstruos, como toda la raza que se trajeron de Bucaramanga y algunas personas expectantes a ver de que trataba esta propuesta —me incluyo ahí—. Todo sucedió como cuando un forastero que llega a la gris ciudad, queriendo mostrar de qué está hecho, mientras esta le mira por encima del hombro.

Eran las 10:26 de la noche cuando la banda arrancó y la voz de Abby se perdió un poco entre la estridencia de los instrumentos. Después de un par de canciones se notó que había una tensión clara entre público e instrumentistas, como cuando uno llega a una primera cita; finalmente mandaron todo al carajo y tocaron ‘Mandy’, de inmediato dejamos de mirarnos los zapatos y todo se compuso.

Ya no eran nervios, solo emoción. Durante un rato largo, el toque pasó de un tímido indie rock hacia un escenario más “punkero” y rebelde. La propuesta de 100 Años de Monstruos empieza por el rock alternativo, con riffs de guitarra, percusiones simples, letras sobre la desolación y el desamor —que nos recuerda a las Ligas Menores y a los primeros trabajos de Él Mató—, para luego transitar por un bajo pronunciado y algunos temas con sintetizador que recorren el shoegaze de finales de los 90’s y finalmente terminar en un sonido exuberante con desgarradores gritos de su vocalista, que realmente vuelan los tímpanos de una manera satisfactoria. Esta agrupación desborda juventud, al final solo había sonrisas por la belleza y la satisfacción de evidenciar el nacimiento de algo nuevo. 

Los sonidos independientes, los más orgánicos. 

Aquí hay que tomar un respiro, tomarse una pola, fumarse un cigarro. Lo siguiente fue “aleta”. Quienes no habíamos visto a Danta en vivo y les habíamos escuchado antes, perfectamente pudimos haber pensado que se trataba de dos bandas completamente distintas. Apenas iban a ser las 11:30 cuando El Chamán cambió el aura indie-rock-punk a un ambiente más conceptual y progresivo.

Danta tiene la facilidad de crear una atmósfera acorde a los términos bajo los cuales construyen su música: “…un esfuerzo por encontrar una senda hacia zonas montañosas donde la fauna nativa se encuentre con la niebla y el silencio del bosque” citan en su descripción. Es quizá lo primero que llama la atención, la facilidad de trasladar a la gente a otro lugar, a uno brumoso, sosegado, estruendoso por momentos.   

El toque progresó y con él, cada pieza que interpretaba esta agrupación. Lo siguiente que llamó la atención de Danta es que, pese a ser una agrupación recientemente conformada y autogestionada completamente, son interpretes virtuosísimos; esto se sabe cuando entre solo tres personas logran sumergir a la audiencia en una gama interminable de sonidos,  cada quién desde su posición entregó de todo y más. Alejandro Bernal en una guitarra estridente, melodiosa e ingeniosa con pedales y efectos que junto a la mezcla de José Santamaría entre bajo y consola crean la ya mencionada y armoniosa atmósfera.

Perdón si les estoy dando la idea de que todo es místico y depurado, pero como mencioné, el toque progresa y el punto alto llegó cuando sonó Fado, en esta versión extendida y frenética, todo gracias a Sara Zuluaga, quién desde la batería le entregó velocidad y explosividad a la presentación. Mejor dicho, Danta es todo un “power trio”, pero no a la vieja usanza del rock and roll, sino de manera sobria y sigilosa, sin muchos gritos y con letras cortas; sin duda, una banda única y que ha dirigido la orquesta del poco post rock y sonidos progresivos que existen en nuestro país. 

El necesario mensaje de género.

Vamos a empezar a tratar a las mujeres como iguales, en una industria como esta que es tan machista”, esas fueron las palabras con las que Juan Hernandez (vocalista de Electric Mistakes) anunció a las nuevas integrantes de la banda: Lina (teclados), Maria Paula (bajo) y Mariana (guitarra).

Electric Mistakes es lo más cercano que tenemos al “post-grunge”. En su primer álbum nos mostraron una faceta ruidosa y cruda, con algo de experimentación en las guitarras, atributos que no pierden en el segundo trabajo, ni perdieron en esta edición del Deceptacon. Sin embargo los entusiastas coros y la versatilidad de las instrumentistas le brindan una dinámica extra y refresca un sonido que no ha logrado posicionarse en el mainstream de la ciudad. Quizá a la próxima también podrían soltarles el micrófono a las chicas.

Más allá de la música, esto es un mensaje contundente a los artistas del país: hay mujeres talentosas por todo lado que no solo pueden aportar virtuosismo sino alternativas de sonido en una escena que necesita reinventarse y sonar auténtica, si es que quiere ser completamente autosustentable. Increíble que solo hasta el sábado podamos concluir esto en el país, teniendo tantos ejemplos a nivel latinoamericano. Afortunadamente hoy podemos anunciar, sin que el “macho rockerito” refute: mujeres, la música las necesita. 

Deceptacon se puso la “10” con la inclusión de género, no solo todas las bandas tenían participación femenina, sino que, de un total de 18 artistas en escenario, 9 eran mujeres, algo que rara vez —por no decir que nunca— había sucedido en el país. Ojalá más organizadores de eventos y bandas se animen a escuchar y brindar más espacios a las mujeres, que, como ya lo había resaltado, no solo son buenas en esto, sino que hacen de esta una escena mucho más poderosa y diversa; por muy obvio que esto suene, es necesario que recordemos que la música no debe tener ningún tipo de restricciones. Larga vida al Deceptacon, que vengan muchos y muchas más. 

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