Molde

Fausto Rodríguez, el secreto mejor guardado del folk bogotano

Fotografía por: David Lozada

Para Fausto Rodríguez, el 2018 fue el año en que pasó de ser guitarrista de a pie para convertirse en uno de los compositores de folk más versátiles de la actual escena musical bogotana. A medida de que el año transcurría, Rodríguez dejó de interpretar versiones de Él Mató A Un Policía Motorizado y Aterciopelados, para comenzar a trabajar con sus propias piezas: baladas tranquilas, con arpegios de guitarra intrincados y letras escritas a través de figuras literarias y metáforas que aluden a la soledad, la vida y la pureza de la muerte.

En septiembre del pasado año —después de haber tocado en varios bares de la ciudad—, hizo su debut en la primera edición del Festival Nada Tiene Sentido, donde sorprendió a la audiencia con un corto set que escaló desde dulces melodías con tintes poéticos, hasta una efusiva rola de country titulada ‘Martha‘, que puso a bailar sobre los cuernos del carnero a los y las escuchas.

Al finalizar el año, terminó un par de nuevas composiciones: una triste canción con un suave “bend” de guitarra y una pieza folk con armónica, a lo blues de los 60s. Dichas canciones no verían la luz sino hasta principios de 2019, cuando tuvo una acogedora presentación junto a bandas como Todos Los Transeúntes y Biselad, quienes, pese a los problemas de sonido que tuvo el joven cantautor, no dudaron en elogiar su valiente propuesta. Recientemente se presentó en Casa Ensayo junto a la Banda del Bisonte y una de las bandas más icónicas de la escena colombiana: Margarita Siempreviva; en un show, donde tímidamente, la audiencia empezaba a corear sus temas.

Recientemente, se lanzó en las plataformas digitales su primer sencillo: ‘Secretos del palacio del norte‘, una pieza que mezcla el folk, el jazz con algo de ragtime, sus característicos arpegios de guitarra de fondo y una letra tranquila con estribillos que quedan resonando en los tímpanos; una pieza tranquila, bellamente lograda y mezclada con la colaboración de otros músicos e ingenieros de sonido. La canción es el primer adelanto de su primer trabajo discográfico homónimo, un proyecto que buscará ahondar en esta perspectiva acústica y con influencias de sonidos que se han quedado en el pasado, pero que no deja de sonar fresco, algo necesario para la música bogotana.

En menos de un año, Fausto logró trasladarse de las carreteras de diferentes regiones de Colombia a algunos de los escenarios “underground” más representativos de la ciudad para compartir tarima con bandas de la escena local y nacional. Si bien, le queda mucho por aprender, Fausto le avisa a Bogotá que tiene un nuevo cantautor, uno que narra las vicisitudes de la vida cotidiana, mientras le canta a la tristeza, a la soledad y al amor; todo esto con blues y folk, a la vieja usanza.

 

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