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Felisa: Real y un verano en Nueva York

Felisa - Real

Si el álbum quiere apostarle a otros sonidos y dirigir la carrera de Felisa hacia otro rumbo, tal vez, da la sensación de que estas canciones generan una ruptura respecto la unicidad que se propone. A.M.O.R es esa canción que le apunta a ser uno de los éxitos del disco 

Overall
8/10
8/10

/ Foto tomada del fan page de Felisa /

Creo fielmente en que la música —como las series, el cine y los libros — no se debe escuchar cuando los catálogos musicales se renuevan cada viernes y todos los artistas presentan sus lanzamientos, sino que se tiene que esperar el momento preciso —sin importar si transcurren días, meses o incluso años— para poder acercarse a ella, o ella a nosotros, y disfrutarla en su totalidad.

Muchas veces este primer acercamiento a los proyectos inexplorados se divide en dos partes: el primero, uno nada favorable en el que la música no es suficiente y el que escucha decide alejarse por completo del artista; el segundo, uno bastante favorable, y además enriquecedor, en el que el público queda tan enganchado con la propuesta que no le basta una escuchada de la canción o el álbum, sino que necesita hacerlo dos o tres veces más para comenzar a descubrir ese elemento, quizá, mágico que se haya en lo que escucha. En mi caso, y en esta ocasión, se trata del segundo caso.

A pesar de no ser un gran conocedor de este panorama indie/pop que se viene desarrollando en el país en los últimos años, lo poco —mucho— que he escuchado me ha bastado para darme cuenta de que las producciones son buenas y de que los resultados son excelentes; podría nombrar, por ejemplo, a artistas como Elsa y Elmar, Goli o Ságan para dar una muestra de ese producto que se está desarrollando en Colombia.

Para mi agrado, hoy se suman Felisa y su álbum debut a esa lista de artistas que me atraparon desde la primera canción y que tendré en cuenta a la hora de hacer un recuento de álbumes favoritos del 2018.

 

A Felisa no la conocí por Geometría Natural (2015), aunque me parece un EP bastante sólido y con mucho por enseñar gracias a la amplia combinación de géneros que desarrolla durante sus cuatro canciones, entre las cuales podemos encontrar elementos del jazz y el bossa nova (Andar sin voz / Respira), algunas aproximaciones al hip-hip —respecto a sus percusiones— (Paso a paso) y algunos matices del folk (Al ritmo de tu risa). Tampoco la conocí hace dos años cuando lanzó Real (2017), su segundo EP, o estos primeros sencillos de lo que más adelante conoceríamos como Real (2018) su álbum debut. Llegó a mí gracias al poder del voz a voz, y a las recomendaciones que entre amigos nos hacemos.

Era el verano del 2016 y estaba viviendo en Nueva York. Había conciertos gratis por toda la ciudad y yo andaba siempre con libreta y lápiz bajo el brazo. Escribí todas las canciones de Real en un mes. Fue un mes intenso y de mucha satisfacción, me sentía orgullosa de lo que estaba creando, al menos lo sentía muy real y honesto.

Si hay algo clave en este álbum son dos cosas: la honestidad y los procesos creativos que giran alrededor de él. Por un lado, el primer elemento está reflejado en lo que significa cada canción dentro de la estructura que la recibe, ya sea por las continuidades de sonido que se establecen entre canciones, por esta suerte de línea narrativa que encierra los diez temas o por la belleza que se halla en cada uno de ellos. Por el otro, el segundo elemento nos acerca no solo a Felisa como artista, sino también a las influencias que contribuyeron a la construcción de este álbum y a lo que cada una de ellas significa para ella.

Desde el primer segundo de Intro (Mantra) nos damos cuenta de que en este álbum no encontraremos a la Felisa de hace unos años, sino que ahora estamos frente a una artista que ya pasó por un proceso de madurez musical y personal, y que ahora le quiere apostar a nuevos ritmos como el trip hop y algunos momentos que nos harán recordar a María Mónica de Ságan, FKA Twigs y —me atrevería a decir— los instrumentales Röyksopp.

Sí, este álbum tiene esos rasgos del jazz y del folk que vimos en Geometría Natural, pero ahora también estamos frente a una propuesta que quiere hacerse con la música electrónica, las drum machines y sintetizadores que crean secuencias de atmósferas sonoras. El baile del azar es reflejo de ello: voces llenas de reverb y matices dreampop. 

Antes de continuar, debemos tener en cuenta algo muy importante: detrás de la producción de este álbum se encuentran dos nombres que pueden dar ciertas claves para entender y escucharlo. Mateo Lewis (conocido por su proyecto en solitario y su trabajo con Elsa y Elmar y Juan Pablo Vega) guió la producción y arreglos de las canciones A.M.O.R y Real, sencillos que ya conocíamos desde el año pasado. Víctor Acevedo (conocido por su trabajo en bandas como Bajo el Árbol, Goli y Hombre Memoria) fue el encargado de producir el resto del álbum.

Ya con esto en mente podemos hablar de las canciones que tienen a Mateo Lewis detrás: A.M.O.R Real nos recuerdan, casi que inmediatamente, al trabajo de Elsa y Elmar.

Si el álbum quiere apostarle a otros sonidos y dirigir la carrera de Felisa hacia otro rumbo, tal vez, da la sensación de que estas canciones generan una ruptura respecto la unicidad que se propone. A.M.O.R es esa canción que le apunta a ser uno de los éxitos del disco —y que definitivamente lo es, por K.O— pero que repite la «formula» de canciones que escuchamos en Rey (2015), de Elsa, como Decir que no o Para mí. Eso por un lado. Por el otro, Real se conecta, respecto a su sonido y la manera en que la canción se desenvuelve, con temas de Rey como Payaso Kmbiar.

Sin embargo, esto no les impide ser esas canciones con las que el público creará conexión y se sentirá identificado. No hay duda, tal vez sea «descache» nuestro, pero ambas pueden ser, perfectamente, los hits de Real.

El sonido electrónico vuelve a hacerse presente en Frontera. Lo atractivo de estas canción es que maneja un concepto selvático, respecto a la ambientación que genera, y a los elementos que la constituyen como lo son los bajos y las percusiones casi rituales que maneja; además del hecho de que nos hace pensar en canciones como Manglar Mi canto de los colombianos Moügli. En lo personal, también es una favorita que me deja este álbum.

Con ¿Qué siento? volvemos a adentrarnos en el lado atmosférico y synth-pop del disco. Esta canción resume toda la experiencia que se halla detrás de la composición del álbum. Felisa se muestra instrospectiva y nos guía a través de el viaje que tuvo que realizar para poder presentarnos su debut. Cada palabra, cada verso, es un fragmento del alma y una pieza que completan el rompecabezas el recorrido que nos trae hasta Real. Respecto a esto, la artista anota:

Las canciones de REAL, tienen todo este viaje en ellas. Tienen todo el amor y la dicha, pero también los aprendizajes que solo el dolor te enseña. Por eso cuando lo escuchen, ojalá lo hagan de principio a fin, con unos buenos audífonos y sin interrupciones.

Las conexiones con su primer EP se establecen al escuchar Silencio imperfecto, canción que maneja la sonoridad del jazz y la fusiona con algo de electro-folk. La voz es delicada, suave, arrulladora, y cada palabra es pictórica, llena de belleza y una construcción poética muy precisa. Así como el mar se mece tranquilo, la canción también nos lleva por distintos espacios en los que la tranquilidad es la guía. Bastantes recuerdos de Geometría Natural se hallan en esta canción.

Las últimas tres canciones del álbum se convierten en el cierre perfecto para el recorrido musical con el que nos hemos encontrado a lo largo de las otras siete canciones:

Con una instrumentación muy próxima, más o menos, a lo que nos encontramos en el primer trabajo de Ságan —respecto a canciones como Oceánico Calígula—, además de estas bases trip hop, Maga también le apuesta a la construcción lírica a partir del hip-hop pero con arreglos vocales que nos aproximan a elementos del pop y del jazz. Aunque no es una de las canciones más memorables del álbum, vale la pena reconocer el hecho de que también se crea un puente entre este álbum y Geometría Real gracias a estos elementos (y a lo escuchado en Paso a Paso).

La sorpresa del disco es Luz y oscuridad, canción que le apuesta al reggae —más o menos por ahí va la cosa— y que además le agrega un juego de sintetizadores que la complementan y convierten en una de las mejores canciones de Real. Aunque quizá no tengan relación, a primera escucha recuerda a Extras de Espinoza.

Por último, Viste lo que no vi es una canción estática. Esto no quiere decir que sea mala, sino que únicamente le apuesta a la percusión y la atmósfera que crea para concluir con el álbum. No hay más experimentación, solo sintetizadores, solo una voz limpia, una letra honesta. Esta canción es una declaración de amor. Un mensaje para ella misma, la reunión de los tiempos duros que la llevaron a la grabación de este álbum, la unión de experiencias, de caminos trazados, de palabras dichas y escritas. La calma después de la tormenta.

Real es el reflejo del crecimiento de esta artista, de su madurez, de los ciclos que tuvieron que terminar para comenzar otros. Este álbum es la muestra de que el tiempo, bien tomado, es capaz de dar buenos resultados a través de la creación, y que la apuesta pop en Colombia tiene mucha vigencia. ¿Lo recomendaría? Sí. ¿Entra en mi lista de favoritos del 2018? ¡Por supuesto!

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