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Leak 04-13 de Jai Paul, o la realización de una promesa inacabada

Leak 04-13 (Bait Ones) - Jai Paul

Bait Ones es una abolición deliberada de límites estilísticos; una celebración de un acrisolamiento nutrido por distintas fuentes musicales.

Overall
8/10
8/10

El lanzamiento oficial de Leak 04-13 (Bait Ones) de Jai Paul es, en términos del R&B actual, similar al revuelo causado por el arribo de Smile de los Beach Boys hace algunos años. Ambos habían sido considerados como santos griales de sus respectivos campos; obras sin terminar que se inmortalizaron mediante filtraciones y el boca a boca provocado por las circunstancias alrededor de su grabación. Y, curiosamente, el estado inacabado de ambos álbumes y la aparición no autorizada del material grabado durante las respectivas sesiones causaron graves trastornos a sus creadores (o al menos eso dice Jai Paul sobre sí mismo). Pero tal vez es un poco exagerado comparar a Bait Ones, que admite ser una colección de demos y temas en estado “inacabado”, con Smile como trabajo que aspiraba ser la obra total del pop en su momento.

La historia alrededor del álbum ha sido bien difundida: Jai Paul apareció con fuerza en el momento transicional de los 2000 y los 2010 como una de las figuras más prometedoras del panorama musical británico. “BTSTU”, creada y publicada en el 2007 a través del entonces omnipresente MySpace, recibió tres años más tarde amplia acogida entre la crítica del Reino Unido y más allá. Entre ganarse un lugar de culto que abrió las puertas para el reconocimiento de artistas como James Blake, y el sampleo de la canción por parte de figuras de la talla de Beyoncé y Drake, Jai Paul firmó un contrato con XL. Luego siguieron un par de años de extensas sesiones de grabación, en los cuales contó con la asistencia de su hermano, el también productor y músico A. K. Paul. De estas emergió inicialmente “Jasmine”, lanzada oficialmente en su versión demo en el 2012 y también aclamada de manera extensiva por la prensa musical anglo.

Un año más tarde, vino el momento que definió su carrera para bien o para mal: la filtración en Bandcamp del material trabajado durante estas sesiones. Ahí se originó una polémica en torno al origen de las grabaciones, ya que muchos especularon que el mismo Jai Paul fue el responsable por el surgimiento de los demos (parte de una supuesta estrategia de marketing hecha en conjunción con XL). Pese al eventual retiro de Jai Paul como solista, la baja calidad de algunos archivos y la falta de un trabajo dedicado de masterización para esta colección de temas, la crítica no tuvo reparo en canonizarlo como uno de los mejores trabajos de la primera mitad de la década, inclusive en su estatus no oficial.

Seis años después, tras haber fundado con su hermano el sello Paul Institute y sacar algunos sencillos sueltos a través del mismo, Jai Paul ha revivido su proyecto solitario para traernos esta edición remasterizada y ligeramente modificada del material difundido en el 2013. Aunque hay algunas diferencias en la mezcla de ciertos temas, es de notar que Jai Paul decidió secuenciar el álbum de manera similar a la versión que salió en Bandcamp.

Se puede dividir a Bait Ones en tres partes: los cortes más energéticos, los temas más atmosféricos y aquellos que podemos considerar como “esbozos”; estos últimos (“Raw Beat”, “Good Time” o “Baby Beat”) son breves interludios que representan ideas tal vez incompletas: descargas frenéticas de ritmo que invitan a preguntar qué hubiera ocurrido si Paul hubiera culminado el proyecto a plenitud en vez de dejar estas pequeñas fracturas sónicas a lo largo del trabajo.

Por su parte, las canciones más vigorosas revelan una vocación por crear un sonido pop expansivo y ambicioso: arreglos complejos de sintetizador, súbitos efectos de sonido sin llegar a la sobrecarga, percusión tribal (como en los casos de “Str8 Outta Mumbai”, con sus guiños a la herencia india de los hermanos Paul mediante un sample de Ravi Shankar, o “Zion Wolf Theme” y su palpable base dancehall) y el falsetto irresistible de Jai Paul acompañando una base rítmica contagiosa, por no decir bailable.

Se puede decir que el sonido que se forja aquí tiene cosas en común con lo que Clarence Clarity estaría haciendo luego en No Now, aunque Jai Paul no tiene una intención barroca de tomar las bases del pop y el R&B y reventarlas con experimentación y abrasión hasta la sobredosis. Lo suyo recae más en buscar sutilmente ciertos espacios aparentemente inexplorados de estos géneros y agregar pinceladas propias, a través de una colisión de estos con estilos surgidos en Gran Bretaña en estas últimas dos décadas (como lo son el future garage, el 2-Step o el dubstep).

No hay, por ejemplo, una estructura convencional verso-coro en muchos de los temas, pero eso no implica una carencia de ganchos melódicos pegajosos, los cuales parecen repetirse ad infinitum. En “100000” utiliza una línea de sintetizador incisiva, distorsionada, de la cual muchos dentro del pasajero movimiento new rave hubieran estado orgullosos. “Genevieve” suena a una versión energizada del wonky con guiños hacia un funk de corte futurístico. Artistas como Toro y Moi desearían haber escrito algo tan cautivador como el ritmo persistente de “Desert River”.

Este yin está opuesto al yang del lado más aplacado, representado en cortes como “Vibin’” con su sutil influencia dub, “All Night” con sus similitudes al sonido de D’Angelo, o el cover de Jennifer Paige, “Crush”. Y por supuesto, cómo obviar a “BTSTU” y “Jasmine”, las canciones que son centrales a la mitificación de Jai Paul desde lo musical. La primera, que sirve como tema de cierre a Bait Ones, contiene algunas de las líneas que tal vez más proféticas resultaron sobre este regreso inesperado: “I know I’ve been gone a long time but / I’m back and I want what is mine”, a la vez que está basada alrededor una melodía adictiva que es acentuada por la aparición inesperada de un saxofón en su cierre.

Por su parte, “Jasmine” es, sin exagerar, una de las mejores composiciones pop de nuestros tiempos; una oda desesperada a un amor no correspondido que ha recibido comparaciones positivas con el mejor Prince, pero va más allá: es guiada por una sección rítmica marcada por una línea de sintetizador pulsante, profunda, fría, casi ominosa, la cual hubiera enorgullecido a cualquier creador de la movida synthwave. De ahí surge un tema pop hipnótico, elevado por un impecable trabajo vocal y de guitarra. Es inexorablemente la pieza central del álbum, ubicada estratégicamente en la mitad del mismo.

Algunos entusiastas se han preguntado si lo hecho en Bait Ones ha sido rebasado o igualado por otros en ese imaginario que muchos han descrito como el “R&B alternativo”. Esta pregunta parece insignificante frente a lo que representa este álbum, lo cual se encuentra enunciado desde su portada: un collage sobrecargado de diversas imágenes chocando unas con otras; una captura de la generación Tumblr hecha carátula. Recordemos que justo en la mitad de los seis años entre la filtración y el lanzamiento oficial del álbum ocurrió el brexit, punto culminante del reaccionarismo opuesto a la pluralidad étnica y la multiculturalidad que no pudieron ser acalladas aquel infame día de junio del 2016.

Si lo ponemos en términos de aquel momento, Bait Ones es una abolición deliberada de límites estilísticos; una celebración de un acrisolamiento nutrido por distintas fuentes musicales. Es un hito de la electrónica y el dance británicos del nuevo milenio; un punto culmen de la diversidad sónica que se forjó a partir del R&B estadounidense, se cultivó a través del sonido futurístico visto en el garage de Burial y sus coequiperos de Hyperdub, y se alimentó del eclecticismo propugnado por una artista como M.I.A. en su multiplicidad de derivas sónicas sublimadas en Kala y Arular,

A su vez, es el testamento de una década marcada por obras maestras que se desarrollaron en su búsqueda de lo expansivo o de abolir barreras estilísticas: Blonde, Channel Orange, House of Balloons, A Seat at the Table e inclusive el ahora lejano ejemplo de The ArchAndroid. A diferencia de estos, Bait Ones halla suficiencia dentro de su naturaleza de obra no terminada. En medio de su imperfección y su apariencia de promesa inacabada, resulta siendo una sumatoria sónica indispensable de la década.

Canciones recomendadas: Str8 Outta Mumbai”, “Jasmine”, “100000”, “BTSTU”

 

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