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TROUBLE EVERY DAY / SANGRE CANÍBAL (CLAIRE DENIS, 2001)

En el cine de Claire Denis se cruzan diferentes géneros y formas que se mueven entre el realismo y las pesadillas, ofreciendo al cine contemporáneo representaciones renovadas sobre el díptico que supone la obstinación y la fragilidad humana. En TROUBLE EVERY DAY (conocida también como AMOR CANÍBAL), Denis infunde a un ambiente realista (Paris en la modernidad) una suerte de magia y misterios propios de la ciencia ficción y el horror, en este caso aquellos que se materializan en los monstruos.

Shane (Vincent Gallo) y Coré (Béatrice Dalle), dos personas afectadas por una misteriosa enfermedad que los lleva a atacar con rabia a sus compañeros sexuales coexisten en Paris en medio de diversas escenas tensas presentadas con bastante detalle. Ese estado bestial que padecen los convierte en depredadores, seres torturados que buscan satisfacer sus deseos al extremo.

Shane es un científico norteamericano que viaja a Paris con su esposa para su luna de miel. De manera paralela él busca alguna cura para su enfermedad, inducida como producto de la experimentación genética de plantas africanas. El esposo de Coré, Leo (Alex Descas), es un doctor que ha perdido su licencia y que también ha manipulado aquellas plantas que al entrar en contacto con el sistema nervioso conducen a un estado de desenfreno y bestialidad. En el caso de Leo, su esposa se encuentra infectada y dada su condición él asume un rol de protector para ella y otras personas que pueden estar en riesgo por su presencia.

TROUBLE EVERY DAY se centra en la piel como interface, como frontera, como objeto del deseo y a su vez, desencadenante de repulsión. En ese doble discurso de atracción y violencia convergen ideas de género, de violencia y de raza. De la manipulación, el abuso y aquello que busca regularizarse o ser controlado.

Denis, junto con la directora de fotografía Agnes Godard comparten indicios del misterio mediante recortes de cuerpos, la exposición de la piel que da la impresión de generar fricción con el celuloide, tornando la piel en una película y resaltando la idea del celuloide como la piel del cine. La propia película se presenta como un juego de texturas, donde intermitentemente el velo se remueve, quedan a la vista las cicatrices y la violencia, que en ocasiones se aceptan, en otras generan aversión. Aquel misterio yace en medio de lo representado: el pasado y la piel que lo carga.

Esta película se enfoca en estos cuerpos mutados, en sus reacciones, en su contención, en los límites de sus mundos. Más que cualquier trama que puede resultar bastante discutible. Estos cuerpos torturados y enfermos proponen una narrativa donde intervienen las ideas colonialistas (recurrentes en el cine de Denis), donde la tecnología y el capital llegan a manipular entidades orgánicas e infectarlas. Los síntomas de esta enfermedad evidentemente son un malestar constante, la insatisfacción y el hambre. Como se podría trasladar a la situación de países colonizados, particularmente países africanos invadidos por franceses.

Estos cuerpos abyectos que carecen de frontera u orden alguno recaen en promesas en forma de inmunidad falsa que conllevan a actos violentos y la muerte. La curiosidad y codicia en el pasado de unos han trazado un camino a la aflicción en otros. El monstruo se convierte en esclavo, en un instrumento del colonizador. La imposibilidad de liberación se alinea con la construcción occidental en la que los monstruos buscan mantener un discurso normativo, donde se regulen las conductas sociales y culturales hacia la homogeneización y lo que se considera aceptable. La ruptura de esos estándares de “normalidad” conllevan a manejar el discurso de la aberración y la monstruosidad.

El capital y la tecnología implantaron en Shane y Coré un deseo extremo de consumo y destrucción de otros. La contemplación de la piel, los besos, la transpiración hacen parte del ritual donde se busca satisfacer esa compulsión por la sangre y la carne. La opresión está presente en aquel ritual. El abuso y la violencia se transforman en trauma, otro efecto del capitalismo y colonialismo sobre los cuerpos.

Estos seres que al final abrazan su monstruosidad también emulan el sentimiento de resignación y de la necesidad de subsistencia de países colonizados mediante nuevos esquemas de “cooperación”. El monstruo acepta la compañía, puede parecer dócil por momentos con los seres cercanos, pero a su vez la necesidad de devorar y consumir puede llevarlo a la violencia y al derramamiento de sangre. En el caso de Coré (una mujer blanca francesa), es protegida por Leo (que puede representar las naciones africanas), por devoción (o quizás costumbre) y con el fin de evitar replicar el daño a otros. Se observa que el legado no se rechaza, pero la relación entre Leo y Coré, aún con el abuso y el dolor, persiste por necesidad, aun cuando la idea de libertad resulta poco probable.

Me parece una película muy recomendada. Vale la pena sumergirse en los sueños de Vincent Gallo con el granulado y quemado típico de los 16 mm.

Esta película hace parte de la Retrospectiva de Claire Denis que se presenta en la Cinemateca Distrital de Bogotá y se proyecta en las siguientes fechas:

Sábado 16 de noviembre – 5:30 PM

Miércoles 20 de noviembre – 4:00 PM

Álvaro Martínez

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